La Iglesia pide "no arrodillarse ante los ídolos del poder" al despedir la Espada de San Miguel
En su última homilía antes de que la reliquia vuelva a Italia, monseñor Escobar advirtió que la autoridad no tiene "cheque en blanco" y que rezar a San Miguel y justificar la corrupción es contradictorio.

La Espada de San Miguel Arcángel cerró su presencia en el país con una homilía en la Catedral Metropolitana en la que la Iglesia llamó a los fieles a combatir la corrupción y advirtió que el poder no recibe un "cheque en blanco". La reliquia vuelve hoy a Italia y desde temprano decenas de personas esperaron para llegar hasta ella, según la crónica de Última Hora.
"Hemos venido a renovar nuestra decisión de combatir el mal con el bien, la mentira con la verdad, la corrupción con la honestidad, el odio con el amor y la indiferencia con la solidaridad", dijo monseñor Gabriel Escobar, quien presidió la ceremonia central y pidió que la despedida no quede en una celebración emocional sino en un compromiso "espiritual, moral y ciudadano".
El sacerdote aclaró el alcance de ese combate: "No es un combate contra personas, partidos políticos, sectores sociales o quienes piensan diferente. Es el combate contra el pecado, la injusticia, la mentira, la soberbia, la corrupción y toda forma de desprecio por la vida y la dignidad de las personas". La homilía no mencionó funcionarios, casos ni agrupaciones políticas por su nombre.
Tomando el pasaje de "Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios", Escobar sostuvo que Jesús "no busca desentenderse de la vida pública ni tampoco da un cheque en blanco a las autoridades", y afirmó que la Iglesia "no puede estar indiferente a lo que ocurre, debe levantar su voz cuando el pobre es olvidado, la verdad es manipulada". En la misma línea calificó de contradictorio "rezar a San Miguel y justificar la corrupción, pedir su protección y cerrar los ojos ante el sufrimiento de los otros".
El religioso situó la devoción en el terreno de las obligaciones públicas: recordó que el poder "debe estar al servicio de la vida" y que la autoridad debe ejercerse "con responsabilidad", y subrayó que toda persona, "sin importar su condición económica o su afiliación política, posee una dignidad que debe ser respetada". Cerró pidiendo "la gracia de convertirnos en hombres y mujeres que no se arrodillen ante los ídolos del dinero, del poder, de la vanidad o de la corrupción", y un compromiso con la esperanza de los jóvenes.
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