300 familias evacuadas y arroyos tapados de basura: el Acaraymí y el Saltito desbordan residuos en CDE y Franco
La crecida del Paraná ya sacó a unas 300 familias de sus casas en Ciudad del Este y ahora el agua estancada convive con plásticos y desperdicios que podrían terminar en el cauce principal del río.

Una capa de botellas, bolsas y envases cubre los cauces de los arroyos Acaraymí, en Ciudad del Este, y Saltito, en el límite con Presidente Franco, en medio de las inundaciones que afectan a los sectores ribereños de las Tres Fronteras. En la zona baja de los barrios San Rafael y San Agustín las calles quedaron anegadas y las viviendas rodeadas de residuos flotantes, según el reporte difundido este jueves. Unas 300 familias de esos barrios y de otros sectores ya habían sido trasladadas a lugares seguros.
El recorrido de la basura tiene un origen identificable: parte de los residuos llega a los arroyos por las calles y los raudales, que arrastran lo que encuentran a su paso. Bolsas dejadas en espacios públicos, envases descartados y otros desperdicios terminan en los cauces y son transportados hacia las zonas más bajas. A eso se suma la inundación de terrenos donde se acumulan materiales reciclables de manera informal: al subir el nivel del agua, esos elementos quedan a merced de la corriente y se dispersan por los alrededores, hasta formar tapones.
En el Saltito el problema tiene un agravante hidráulico. La crecida del Paraná dificulta el escurrimiento hacia su desembocadura, en el sector del muelle del barrio Remansito, lo que genera un efecto de remanso que reduce la capacidad de desagüe y retiene los desperdicios. Los residuos, además, pueden obstruir los conductos pluviales y los canales naturales, justo cuando el agua necesita salida, y quedar atrapados entre vegetación y estructuras, lo que complica las tareas de limpieza.
La Comisión Especial de Crecidas de Itaipú prevé que el nivel del Paraná empiece a descender con la reducción de precipitaciones anunciada para la región, con una tregua de lluvias desde este viernes. Esta semana el río superó la cota de 120 metros sobre el nivel del mar por precipitaciones superiores a las previstas en la cuenca incremental, el embalse de Itaipú y la cuenca del Iguazú. Tras la apertura de dos canaletas del vertedero el martes, una fue cerrada esa misma noche y la descarga se mantenía en un promedio de nueve millones de litros por segundo, según los datos de la represa.
En los sectores inundados, pobladores debieron abandonar sus casas y refugiarse bajo carpas instaladas a orillas de las calles o trasladarse a lugares más seguros, donde la cercanía de los desperdicios, el agua estancada y el barro aumentan la preocupación por la higiene, en particular para niños y adultos mayores.
Cuando el Paraná baje y se restablezca el escurrimiento, existe el riesgo de que buena parte de los residuos retenidos sea arrastrada hacia el cauce principal del río, que marca la frontera con Brasil, con lo que la contaminación dejaría de estar limitada a los barrios afectados y se extendería aguas abajo.
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