Nueva ola de protestas estudiantiles en Francia expone el malestar en los liceos a meses de las presidenciales
Miles de alumnos de secundaria volvieron a marchar para exigir mejores condiciones educativas, en un contexto de ajuste fiscal y de tensiones políticas previas a la elección presidencial.

Miles de estudiantes de liceo volvieron a salir a las calles en Francia para reclamar mejores condiciones educativas, una movilización que se extiende por todo el país a meses de la elección presidencial y mientras el Gobierno plantea un fuerte ajuste fiscal.
El movimiento comenzó el 17 de septiembre en el liceo Saint-Exupéry de Créteil, al sureste de París, en apoyo a los profesores que estaban en huelga por la falta de personal y recursos, y poco a poco ganó fuerza hasta alcanzar a todo el país. El martes último, entre 266.000 y 450.000 personas se manifestaron al llamado de las organizaciones estudiantiles y sindicales, y una nueva jornada está prevista para el 13 de octubre. En el liceo donde se originó la protesta, la situación volvió a la normalidad después de que las autoridades educativas aceptaran enviar más personal, entre ellos un vicedirector y una enfermera.
Los alumnos que protestan tienen en su mayoría entre 15 y 18 años y cursan el último ciclo de secundaria, una etapa clave para acceder en Francia a estudios superiores, y su educación obligatoria estuvo marcada por los confinamientos del Covid-19 en 2020. El malestar existe desde hace años, especialmente desde la creación en 2018 de Parcoursup, un sistema obligatorio para solicitar plaza en la mayoría de estudios superiores que en la práctica no garantiza el acceso a todos. Además, el proceso de selección enfrenta acusaciones de discriminación, de no respetar los estudios solicitados en prioridad y de falta de transparencia, en particular respecto a los algoritmos utilizados para escoger a los alumnos.
A ese cuadro se suman otros factores. El estudio Mentalo publicado el pasado jueves señala una "fuerte disminución del bienestar mental" de los jóvenes, asociada en especial a Parcoursup, máxime cuando 9 de cada 10 sienten una presión para lograr buenos resultados académicos. El último informe Pisa registró el nivel más bajo de los alumnos franceses desde el año 2000 y las recientes olas de calor dejaron altas temperaturas dentro de las aulas. Los reclamos son variados: la falta de reemplazo de profesores ausentes —el 10% de horas de clase en los liceos no se impartieron en el curso 2024/2025—, horarios de hasta diez horas por día pero con huecos, y aulas deterioradas e inadaptadas al cambio climático.
"Lo único que pedimos es poder trabajar y tener buenas condiciones de trabajo, simplemente", resumió Loan, alumna de último curso de liceo en Marsella. El alumno Abderrahmane, por su parte, afirmó: "Nuestras notas estaban bajando. Si no nos hubiéramos movilizado ahora, habría sido un pésimo augurio para el futuro".
El gobierno del presidente centroderechista Emmanuel Macron atraviesa una situación delicada, ya que la protesta arrancó cuando busca aprobar unos presupuestos para 2027 con un fuerte ajuste fiscal de USD 60.000 millones para sanear las arcas públicas. El Ejecutivo prevé cerrar 2026 con un déficit fiscal del 5,4%, muy superior al 3% fijado por las reglas de la zona euro, y una deuda pública del 119,3% del PIB, unos USD 4 billones. En una declaración del miércoles, el primer ministro Sébastien Lecornu aseguró que "nadie puede permanecer indiferente a las angustias" de los liceos, pero aplazó las "primeras decisiones" a "finales de octubre". Ante el Parlamento se comprometió el martes a "corregir" Parcoursup si fuera necesario y su ministro de Educación Nacional, Édouard Geffray, anunció el jueves la movilización de 3.000 profesores sustitutos en los próximos días para cubrir las ausencias en unos 500 liceos.
La elección presidencial planea sobre el movimiento: algunos manifestantes entonan cánticos antifascistas o claman contra el partido ultraderechista de Marine Le Pen, que lidera los sondeos. Sin embargo, el debate político se centró en los enfrentamientos entre policías y manifestantes. El gobierno y los partidos de derecha y ultraderecha acusaron a La Francia Insumisa (LFI, izquierda radical) de Jean-Luc Mélenchon de querer "sembrar el caos" de cara a la presidencial, mientras la oposición de izquierdas culpó al gobierno de reprimir las protestas, en un contexto en el que un joven perdió una mano al recoger una granada aturdidora lanzada por las fuerzas de seguridad y otros perdieron la visión de un ojo o dientes. Le Pen acusó a Macron de colocarse "siempre del lado de quienes atacan a la policía".
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