Economista señala que el BCP y los atrasos con proveedores son los frentes que mira el mercado tras el informe de Fitch
Arnold Benítez analizó la decisión de Fitch Ratings de mantener la calificación de Paraguay en BB+ con perspectiva positiva y advirtió sobre el efecto de los cuestionamientos al Banco Central y las obligaciones acumuladas con proveedores.

Fitch Ratings informó la semana pasada que mantiene la calificación soberana de Paraguay en BB+, con perspectiva positiva, un escalón por debajo del grado de inversión. El economista Arnold Benítez explicó a ABC que el reporte reconoce el crecimiento económico, la baja inflación, la deuda pública moderada y una posición externa sólida del país. Según indicó, la calificadora refiere que el Producto Interno Bruto (PIB) creció 6,6% en 2025 y proyecta una expansión de 4,5% para este año.
Para el analista, la discusión ya no pasa únicamente por la macroeconomía. A su criterio, Fitch espera una consolidación fiscal creíble, que no se repitan atrasos con proveedores y que se demuestren mejoras sostenidas en gobernanza, instituciones y combate a la corrupción. Recordó que Paraguay ya tiene grado de inversión de dos calificadoras, emitió deuda internacional en guaraníes y cuenta con inversores extranjeros que asumen riesgo directo sobre la moneda local. “Hoy nos miran. Y cuando uno decide jugar en mercados más grandes, también tiene que comportarse con estándares más altos”, afirmó.
El economista prestó especial atención a la discusión reciente en torno al Banco Central del Paraguay (BCP) y al sistema financiero. Sostuvo que los cuestionamientos públicos y los pedidos de informes desde el Congreso Nacional no prueban una pérdida de independencia de la entidad ni problemas de solvencia bancaria. Mencionó además que S&P señaló en diciembre de 2025 la creciente credibilidad del BCP y la convergencia de las expectativas de inflación hacia la meta entre los factores que respaldaron el grado de inversión. “Lo que a mí me preocupa no es tanto que Fitch no nos haya dado el grado de inversión, sino que las demás calificadoras puedan llegar a revisar el grado de inversión que nos dieron, especialmente por la situación del Banco Central”, señaló. Y agregó: “La credibilidad en el Banco Central, la transparencia y la autonomía es lo que hoy estamos poniendo en tela de juicio. No es una muy buena señal la que estamos dando”.
Otro punto sensible son las obligaciones acumuladas con proveedores, que rondan los US$ 1.300 millones, equivalentes a cerca del 2% del PIB proyectado para este año en aproximadamente US$ 60.540 millones. Benítez recordó que el Fondo Monetario Internacional (FMI) señaló que esas obligaciones se acumularon entre 2023 y 2025 y que su reconocimiento implica incorporarlas después al gasto registrado, y advirtió que las deficiencias de gestión financiera pública representan un riesgo para la credibilidad de la política fiscal. A su juicio, la principal preocupación supera el tamaño de la deuda y aparece cuando un inversor empieza a preguntarse si el déficit informado refleja todos los compromisos asumidos por el Estado. “Si los atrasos extraordinarios se vuelven recurrentes, el mercado puede hacer su propia estimación de las cuentas públicas y añadir un margen de seguridad. Paraguay terminaría así con una prima adicional por falta de credibilidad”, manifestó.
El analista recordó que la Ley de Responsabilidad Fiscal se viene incumpliendo desde gobiernos anteriores. Con Mario Abdo Benítez, el déficit se disparó por la pandemia del Covid y se fijó la meta de volver al -1,5% del PIB para 2024. Ya en el gobierno de Santiago Peña, el objetivo se replanteó a 2026 al considerar que la meta inicial era imposible de cumplir y, posteriormente, tras reconocer millonarias deudas con proveedores del Estado —sobre todo de Salud, Obras y almuerzo escolar—, la nueva meta quedó para 2028. Benítez cuestionó esta nueva postergación de la convergencia al 1,5% y sostuvo que una regla fiscal sirve como referencia para anticipar el rumbo de las cuentas públicas, pero pierde fuerza si el calendario cambia cada vez que llega el plazo. “Lo impredecible es peor que lo malo”, expresó, y comparó la situación con la llegada de un huracán. “Si una persona sabe que el fenómeno llegará, puede proteger su casa y prepararse. Si desconoce si enfrentará una lluvia, una tormenta o un huracán, no sabe qué medidas tomar. Eso en el mercado financiero es lo peor”, afirmó.
El economista consideró que Paraguay construyó durante años una reputación asociada a la previsibilidad, pero que los ruidos sobre política fiscal, Banco Central y sistema financiero afectan esa percepción, en un contexto de mayor presencia de inversores internacionales. Explicó que si esos inversores perciben más riesgo en los activos denominados en guaraníes, pueden exigir mayor rendimiento, reducir su exposición o cubrir sus posiciones cambiarias, con efectos que pueden alcanzar las tasas soberanas, el costo del financiamiento privado y la demanda de dólares, y desde allí llegar al crédito, las inversiones, la actividad económica, el tipo de cambio y los precios. Aclaró, no obstante, que Paraguay no está cerca de una crisis, ya que mantiene reservas, deuda manejable y un sistema financiero con buenos indicadores. “Creo que estamos a tiempo todavía de mejorar la situación y de que esto no llegue a mayores, y que finalmente consigamos el tercer grado de inversión con la última calificadora que falta”, concluyó.
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