Una madre consultó a una IA sobre su hijo y descubrió que la máquina ya lo conocía
El relato difundido por La Nación describe cómo una mujer recurrió a la inteligencia artificial para entender la distancia de su hijo adolescente y terminó hallando un sistema que había acumulado datos sobre el chico.
A las 2:14, mientras su hijo dormía en la habitación de al lado, Laura se preguntó por qué el adolescente estaba tan distante. No llamó a una amiga, no despertó a su marido y tampoco consultó a un psicólogo: hizo lo que millones de personas hacen todos los días, preguntarle a una inteligencia artificial.
La respuesta apareció casi de inmediato. La máquina le habló de la adolescencia, los cambios hormonales, la presión social, el aislamiento y los problemas de autoestima, y le sugirió observar determinadas conductas y conversar con él sin presionarlo. Pero una frase la dejó fría: debía prestar especial atención a las conversaciones del chico con determinados amigos. Laura nunca le había mencionado quiénes eran esos amigos.
Días después volvió a consultar si debía cambiarlo de colegio. La respuesta fue contundente: no, porque el cambio podía aumentar su ansiedad y afectar su estabilidad emocional. Desde entonces pidió consejos para casi todo: qué decirle a su hijo, qué contenidos debía ver, qué aplicaciones bloquear y hasta qué señales considerar peligrosas. La máquina parecía conocerlo mejor que ella y, según el relato, eso empezó a darle tranquilidad.
Hasta que una tarde el chico llegó a la casa y le preguntó: “Mamá, ¿por qué estás hablando con una máquina sobre mí?”. Tomó el teléfono y le mostró algo que ella desconocía: varias de las aplicaciones que utilizaba estaban conectadas a sistemas capaces de analizar sus búsquedas, sus horarios, sus conversaciones, sus hábitos y sus patrones de comportamiento. La inteligencia artificial no había adivinado quién era; había aprendido de él.
Laura sintió miedo, pero no solamente por la máquina. Comprendió que ella misma había comenzado a confiar en ella porque parecía conocer a su hijo de una manera que ningún ser humano podía hacerlo. Esa noche apagó el teléfono y se sentó en la cama del chico para hablar con él, sin aplicaciones ni algoritmos. Así descubrió que tenía miedo, que se sentía solo, que estaba preocupado por el futuro y que necesitaba que su madre lo escuchara.
El texto difundido por La Nación plantea que la inteligencia artificial puede analizar millones de datos en segundos y encontrar patrones que las personas jamás hallarían, pero subraya la diferencia entre conocer los datos de alguien y conocerlo realmente. El peligro, señala, no está solo en que algún día una máquina llegue a ser más inteligente que nosotros, sino en que llegue a conocernos mejor de lo que nosotros mismos nos conocemos.
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