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1 de octubre de 2026 · 06:08 a. m.· Con información de ABC Color
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Un estudio advierte que las secuelas de la sequía pueden calentar el planeta hasta un año después

La investigación, publicada en Nature Communications con participación del CSIC y el CREAF, señala que las lluvias posteriores no compensan la pérdida de humedad del suelo y que el efecto se observó en más del 60 % de la superficie terrestre.

Las consecuencias de una sequía pueden persistir hasta un año después de que haya terminado y contribuir a intensificar el calentamiento global, según un estudio realizado a escala mundial y publicado en la revista científica Nature Communications, con participación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF), que difundieron el trabajo en un comunicado este miércoles.

Los resultados indican que, si el suelo sigue perdiendo humedad a lo largo del año posterior a una sequía, la temperatura aumenta más de lo que disminuye cuando recupera la misma cantidad de agua que había perdido. En concreto, cuando el suelo pierde una determinada cantidad de agua, la temperatura sube 0,13 °C, mientras que cuando recupera ese mismo volumen la temperatura baja solo 0,06 °C.

El fenómeno se explica, en parte, porque las plantas no se recuperan al mismo ritmo que el agua del suelo. Después de una sequía pueden haber acumulado daños en los tejidos vegetales y su capacidad de transpirar y absorber CO₂ tarda en reactivarse, lo que reduce el enfriamiento que aporta la vegetación y aumenta el calentamiento del planeta.

Este efecto prolongado de la sequía se ha observado en más del 60 % de la superficie terrestre. Los datos señalan que las zonas más afectadas se sitúan en Norteamérica, el este de China, África subsahariana y el oeste de la Amazonía.

Sobre ese último punto se pronunció el investigador Josep Peñuelas: “La Amazonía actúa como el aire acondicionado de todo el planeta gracias a la ingente cantidad de agua que transpira a la atmósfera”. El investigador añade que, cuando una sequía extrema hace caer la humedad en el oeste de la Amazonia, los árboles reducen esa transpiración y la selva “no solo deja de enfriar el mundo, sino que frena su función vital como gran sumidero de carbono, acercando el ecosistema a puntos críticos de no retorno”.

Para llegar a estas conclusiones, el equipo analizó datos climáticos y de humedad del suelo desde 1980 hasta 2024. Esa información fue combinada con 17 modelos del sistema terrestre (ESM), que simulan las interacciones entre la atmósfera, el suelo, la vegetación y otros elementos, con el objetivo de identificar el efecto de la sequía un año después en la temperatura, la vegetación, la transpiración y la absorción de carbono.

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