Especialista advierte que el déficit de vitamina D es una "epidemia silenciosa" que avanza en la región
La doctora argentina Beatriz Oliveri presentó datos que muestran que la carencia afecta a una proporción importante de la población mundial y latinoamericana, con mayor impacto en personas con factores de riesgo.
La deficiencia de vitamina D alcanza a una proporción importante de la población mundial y latinoamericana y, pese a su magnitud, recibe poca difusión en los medios de la región. Así lo planteó la doctora argentina Beatriz Oliveri, especialista de la Asociación Argentina de Osteología y Metabolismo Mineral e investigadora, durante el Primer Summit de Periodistas de América Latina, organizado por el Laboratorio Adium en Mendoza, Argentina. La especialista calificó al problema como una "epidemia silenciosa".
Oliveri explicó que existe consenso en considerar como deficiencia un nivel inferior a 20 nanogramos por mililitro de 25-hidroxivitamina D, el marcador que se utiliza para evaluar el estado nutricional de esta hormona. Cuando los niveles caen por debajo de 10-12 nanogramos por mililitro, la deficiencia puede ser severa y asociarse con raquitismo en niños y osteomalacia en adultos.
Los datos presentados durante el encuentro dan cuenta de la dimensión del problema. Una revisión que abarcó 81 países encontró que aproximadamente la mitad de la población tenía menos de 20 nanogramos por mililitro. En América Latina, un estudio publicado en 2023 que reunió 79 investigaciones y cerca de 20.000 participantes adultos de nueve países halló que el 34,8% presentaba niveles inferiores a ese límite. Oliveri comparó la situación con la osteoporosis: "La deficiencia es una epidemia silenciosa presente en aproximadamente 40% de la población" de la región, señaló.
La carencia no se distribuye de manera uniforme y varía según la franja etaria. Entre los grupos con mayor prevalencia figuran los adultos mayores, las mujeres y las personas que viven en determinadas latitudes. La obesidad es otro factor de riesgo: según los trabajos citados por la especialista, las personas obesas pueden presentar una prevalencia de déficit de vitamina D entre dos y tres veces superior a la de quienes tienen peso normal, en parte porque la vitamina, al ser liposoluble, puede quedar "secuestrada" en el tejido adiposo. La edad también incide, ya que la capacidad de la piel para producir vitamina D disminuye con los años: ante una misma radiación ultravioleta, la producción puede caer alrededor de 13% por década, de modo que una persona de 70 años puede generar apenas entre 30% y 50% de lo que producía a los 20.
La vitamina D cumple un papel fundamental en la absorción intestinal de calcio y fósforo y, por esa vía, en la mineralización del hueso, además de participar en el funcionamiento muscular. Cuando hay carencia puede producirse atrofia de fibras musculares rápidas, pérdida de fuerza y deterioro de la función muscular, lo que favorece las caídas y, combinado con un esqueleto debilitado, aumenta el riesgo de fracturas. En un trabajo presentado por la especialista, realizado en pacientes hospitalizados por fractura de cadera, el 81% tenía menos de 20 nanogramos por mililitro y el 96% estaba por debajo de 30. Otro estudio con unos 5.700 pacientes y cinco años de seguimiento encontró que quienes presentaban deficiencia severa tenían el doble de riesgo de fractura de cadera frente a quienes tenían niveles de entre 20 y 30 nanogramos por mililitro.
Oliveri puso el foco en las poblaciones más vulnerables: "Los niños, embarazadas, mujeres posmenopáusicas, adultos mayores, aquellos con enfermedades crónicas concentran el mayor riesgo", sostuvo. A ellos se suman las personas institucionalizadas, quienes tienen obesidad y los pacientes con enfermedades que afectan la absorción o el metabolismo de la vitamina D, así como quienes utilizan determinados medicamentos. Sobre las consecuencias, advirtió sobre la necesidad de evitarlas: "tenemos que evitar tener una consecuencia severa, puede ser esa sarcopenia, puede ser las complicaciones que les dije".
La especialista aclaró que el mensaje no consiste en recomendar que toda la población se someta a análisis de manera indiscriminada. "Es aconsejable medir los niveles en individuos de riesgo", explicó, y agregó que la suplementación, cuando está indicada, debe adecuarse a la situación de cada paciente y mantenerse en quienes continúan expuestos al riesgo. También señaló una dificultad que atraviesa a la región: "Nos faltan muchos estudios concretos en los diferentes grupos de riesgo que sean comparables en todos nuestros países. Nos faltan datos", afirmó. En ese marco mencionó tres herramientas: una exposición solar responsable, la eventual fortificación de alimentos y la suplementación dirigida.
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