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Economía
18 de septiembre de 2026 · 04:19 p. m.· Con información de ABC Color
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El nuevo presupuesto reabre el debate sobre el déficit y el destino del gasto público

Un análisis publicado en ABC Color sostiene que la discusión central no es cuánto más recaudar, sino cómo se gasta, y advierte que el país todavía está a tiempo de corregir el rumbo fiscal.

Documento presupuestario y calculadora sobre un escritorio, símbolo del debate fiscal.. Ilustración generada por inteligencia artificial, no es una fotografía de los hechos

El nuevo presupuesto volvió a poner sobre la mesa el debate sobre el déficit, el financiamiento del Estado y la postergada discusión acerca de cómo se gasta. Así lo plantea un análisis publicado en ABC Color y firmado por un máster en finanzas, para quien la respuesta a problemas que el país viene arrastrando vuelve a ser la misma: ampliar el déficit, buscar más financiamiento y aplazar una vez más la discusión de fondo.

El texto reconoce que un déficit más alto durante un año no implica que Paraguay esté entrando en crisis y que existen cuentas atrasadas que el Estado debe pagar. Recuerda además que el país alcanzó el grado de inversión, sello que abarata el costo de endeudarse en el exterior, y que mantiene una economía con capacidad de crecer, una deuda manejable en comparación con la región y ventajas fiscales que lo distinguen.

El autor advierte que los problemas fiscales "casi nunca llegan de golpe" y se construyen de a poco: una excepción que se suma a otra, un gasto que era temporal y se vuelve permanente, una reforma que se posterga y una nueva necesidad de financiamiento que desemboca en la discusión de siempre sobre subir impuestos. A su juicio, allí es donde la economía empieza a quedar subordinada a la política.

Sobre el origen del problema, sostiene que no se trata de un asunto partidario ni de derecha o izquierda, sino de un sistema de incentivos: unos pocos reciben una parte grande, muchos otros reciben una parte chica y entre ambos arman una mayoría que vuelve muy difícil cambiar el sistema, mientras el resto —quienes trabajan, producen, invierten y pagan impuestos— termina financiando todo. Lo describe como prebendarismo en su versión más difícil de combatir, "no porque todos reciban mucho, sino precisamente porque muchos reciben algo".

El análisis describe una secuencia económica: si el Estado gasta de forma permanente por encima de lo que puede financiar, aparece el déficit; si el déficit se repite, crece la deuda; si la deuda crece, sube también el costo de pagarla y una parte cada vez mayor de los ingresos futuros se destina a intereses y compromisos viejos, con lo que queda menos dinero para infraestructura, salud, educación y seguridad.

Por eso el autor rechaza que la primera discusión sea subir impuestos. Aclara que los impuestos son necesarios y que un país serio necesita financiar servicios públicos de calidad, pero plantea preguntarse qué Estado se sostiene con esos impuestos y si antes de pedirle más al ciudadano se hizo todo lo posible por gastar mejor. Agrega que no afirma que todo gasto público sea malo ni que el Estado deba correrse de sus responsabilidades, sino que debe ser fuerte en educación, salud, seguridad, justicia, infraestructura y protección para quienes realmente lo necesitan, y a la vez capaz de dejar de gastar donde no agrega nada.

El texto cierra señalando que Paraguay "todavía está a tiempo" y que el momento de corregir es ahora, mientras puede hacerse sin que una crisis obligue. La economía puede generar los recursos, concluye, pero la política decide qué se hace con ellos.

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