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Opinión
19 de septiembre de 2026 · 04:15 p. m.· Con información de ABC Color
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El mea culpa que no hacemos

La reflexión sobre la responsabilidad ciudadana en las elecciones y su impacto en la corrupción

El mea culpa, expresión latina que significa 'por mi culpa', es una oración litúrgica que reconoce los errores. Su uso trasciende lo religioso para representar la capacidad de reconocer el error propio y aceptar la responsabilidad. Sin embargo, en la vida cotidiana, especialmente en la política, esta reflexión suele evitarse.

Los ciudadanos exigen mea culpa a los gobernantes por corrupción, desfalcos, sobrefacturaciones y falta de insumos médicos. Se critica el saqueo del erario público y el dispendio de recursos estatales en gastos no justificados. A pesar de las críticas, los resultados no cambian, y se observa una repetición de elecciones que no rompen con la mala gestión.

Mario Vargas Llosa afirmó en 2021 que lo importante en las elecciones no es la libertad, sino votar bien. Esta idea subraya que cada voto produce consecuencias. El voto no es solo un derecho, sino también una responsabilidad que involucra a los ciudadanos en la construcción del poder que los gobernará.

Existe una contradicción cuando se denuncian políticos corruptos, nepotistas y clientelistas, pero al momento de votar, una parte de la ciudadanía vuelve a elegirlos. Esto genera un ciclo donde el Estado no cumple con sus obligaciones, y los ciudadanos sufren las consecuencias de sus propias decisiones electorales.

La corrupción se alimenta de la memoria corta del elector, que se indigna, olvida y vuelve a elegir a los mismos candidatos. Los ciudadanos critican la corrupción, pero a menudo votan por tradición, favores o lealtades, ignorando antecedentes graves. Esto lleva a consecuencias como arcas vacías y hospitales sin recursos.

El Ministerio Público es señalado por su inacción frente a hechos de corrupción, lo que alimenta la percepción de una degradación institucional. La impavidez de quienes deben investigar y sancionar profundiza la desconfianza ciudadana en la Justicia, siendo tan grave como el abuso del poder.

La democracia requiere ciudadanos conscientes de las consecuencias de sus elecciones. No basta con culpar a los gobernantes; se debe reflexionar sobre qué responsabilidad tuvieron los votantes al elegirlos. El verdadero mea culpa ciudadano se expresa en las urnas mediante un voto consciente y responsable.

Equivocarse al votar es un error, pero volver a elegir conociendo antecedentes graves es reincidir. La corrupción no se combate solo en instituciones, sino también en las urnas. No se puede condenar al corrupto ajeno y justificar al propio, ni seguir votando por tradición o favores.

Cada voto entrega poder y, con ello, una cuota de responsabilidad. Los ciudadanos tienen derecho a exigir mea culpa a los gobernantes, pero también deben hacer el suyo. Ante cada escándalo o despilfarro, es necesario preguntarse no solo qué hicieron los gobernantes, sino qué responsabilidad tuvieron los votantes.

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